Autora: Cristina Martí Femenía- Enfermera (Alumna UIV y de Clínica Mireia

 

Diabetes tipo I 

La diabetes es una de las patologías más unidas a la nutrición y el tratamiento dietético es fundamental para optimizar el control glucémico, evitar las descompensaciones metabólicas agudas y mantener un estado correcto de nutrición.

Con estas premisas los objetivos principales del abordaje nutricional de esta patología pretende evitar los síntomas de hiperglucemia, retrasar el inicio de las complicaciones crónicas de la Diabetes Mellitus y con ello mejorar la calidad y la esperanza de vida.

«La diabetes es una enfermedad crónica y heterogénea muy frecuente en los países industrializados, que afecta a ambos sexos y a todas las razas, sin límite de edad»

La dieta en una persona Diabética debe ser equilibrada, sana, agradable y acorde con el estilo de vida saludable que los profesionales sanitarios debemos priorizar en estos pacientes. Se diferencia en dos aspectos con la alimentación de las personas no diabéticas:
– Moderación en el consumo de azúcares simples de absorción rápida.
– Distribución regular de carbohidratos en al menos 4-6 comidas a día.

La dieta en niños y adolescentes debe ser lo más parecida posible a la alimentación recomendada a la población general. Se deben establecer propuestas dietéticas pactadas con los más pequeños, agradables e individualizadas, de forma que aporte suficientes calorías para mantener un peso adecuado, la practica de actividad física y un buen crecimiento.

Los niños y adolescentes muchas veces presentan ciertas peculiaridades que hacen difícil su tratamiento dietético, como una mala aceptación de las normas, actividad física irregular, actividades sociales con otros compañeros y la dificultad de seguir de forma regular una dieta, de modo que la alimentación debe ser más flexible que con los adultos.

Hay que establecer unas normas generales para la alimentación:
– Las comidas deben realizarse repartidas en 5-6 tomas (ingestas pequeñas y frecuentes).
– Evitar comidas no planificadas en la dieta.
– La comida de medianoche se hará como mínimo antes de irse a dormir.
– Las comidas deben estar formadas por carbohidratos complejos, grasas y proteínas.
– La dieta debe estar integrada en la vida familiar.
– Debe ser equilibrada para favorecer el crecimiento y desarrollo.


Recomendaciones generales de la dieta de los niños y adolescentes con Diabetes mellitus:

– Carbohidratos. Deben representar el 50-60% del total de la ingesta. Son recomendables los carbohidratos complejos (de absorción lenta) como cereales, legumbres verduras y hortalizas, ya que favorecen la estabilización del control de la diabetes, por el contrario los carbohidratos simples (de absorción rápida) elevan mucho la glucemia postpandrial y deben consumirse con moderación.

– Proteínas. Deben representar el 15-20% del total de las calorías diarias. Se debe moderar el consumo de proteínas de origen animal por contener más grasas saturadas, favoreciendo las carnes magras y procurando un adecuado consumo de pescado.
– Grasas. Se debe aumentar el consumo de grasas no saturadas, aumentando el consumo de aceite de oliva, alimentos desnatados y pescado. Los alimentos con colesterol deben consumirse procurando no superar los 300mg diarios.
– Fibra. La ingesta de alimentos con fibra provoca un enlentecimiento del vaciado gástrico y de la absorción intestinal de los carbohidratos y grasas, disminuyendo la glucosa postpandrial y los triglicéridos. Son recomendables 20-35 g/día.
– Bebidas. Se debe evitar el consumo de bebidas alcohólicas por adolescentes y las bebidas y refrescos que tienen azúcares es mejor sustituirlos por aquellas con edulcorantes artificiales y su consumo debe ser moderado.

 

La dieta debe ir en simbiosis con la práctica diaria de ejercicio físico, siempre adaptado a la edad, condición física de la persona, presencia o no de enfermedades asociadas y las preferencias que tenga el niño. El ejercicio ayuda a mantener un peso óptimo y reduce el riesgo de otras enfermedades.

Controlar la DM I hasta la edad adulta es en muchas ocasiones un desafío para el profesional sanitario, ya que durante la adolescencia se abandona la supervisión de lo padres en pro de una mayor independencia, por eso es necesario realizar un esfuerzo ajustando las terapias que mejor se ajusten a las circunstancias.

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